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IntiHuara: el espacio de Jujuy que transforma el juego, el movimiento y la risa en una herramienta de inclusión
La propuesta nació como una escuela de fútbol para niños y adolescentes con autismo, pero rápidamente se convirtió en un espacio de encuentro para toda la familia. Con el acompañamiento de kinesiólogos, profesores, padres, hermanos y voluntarios, IntiHuara busca derribar barreras, desmitificar prejuicios y demostrar que el movimiento, el juego y el tiempo compartido pueden generar importantes cambios en la vida cotidiana.
- Por El Caletense | 17/07/2026
En diálogo con el programa Fuera de Pauta , el kinesiólogo fisioterapeuta y codirector de IntiHuara, Marcelo Vacaflor, contó cómo surgió esta iniciativa que se desarrolla en la provincia de Jujuy y que ya reúne a más de 40 niños y adolescentes cada sábado.
La propuesta fue pensada inicialmente como una escuela de fútbol adaptada para chicos con autismo. Sin embargo, con el correr del tiempo, sus impulsores entendieron que el fútbol era apenas una excusa para construir algo mucho más amplio: un espacio de encuentro, juego, movimiento y participación familiar.
“IntiHuaraes un espacio de encuentro de familias, de niños y de hermanos. A través del juego encontramos un lugar donde puedan moverse”, explicó Vacaflor. Y agregó que el movimiento permite despertar algo fundamental: la risa.
Para los responsables del proyecto, ese momento de juego compartido permite que desaparezcan muchas de las barreras que suelen limitar la participación de los niños en diferentes espacios sociales. El ruido, los gritos, la música, el contacto físico y los cambios de actividad son algunos de los estímulos que, con el acompañamiento adecuado, los chicos pueden comenzar a tolerar y disfrutar.
Uno de los aspectos centrales de IntiHuara es que los niños no concurren solos. La propuesta invita a participar a padres, madres y hermanos, quienes se convierten en protagonistas de las actividades.
“Le dijimos a los padres que era obligatorio ir con ropa cómoda, trabajar descalzos y llevar una botellita de agua, porque en realidad nos íbamos a mover todos: niños, padres y hermanos”, relató Vacaflor.
La dinámica busca que las familias puedan jugar entre sí, que padres e hijos compartan actividades y que los hermanos también formen parte del espacio. De esta manera, el proyecto intenta recuperar algo que muchas veces queda relegado por las obligaciones diarias: el tiempo de calidad en familia.
Según explicó el kinesiólogo, muchos padres manifestaron que sus hijos se encontraban limitados a permanecer en sus casas debido a la falta de espacios donde pudieran sentirse cómodos y libres de miradas prejuiciosas.
“Aprendieron a jugar con sus hijos. Son palabras de los propios padres”, destacó.
La propuesta también representa un lugar de alivio para las familias, que muchas veces deben afrontar situaciones complejas vinculadas al diagnóstico, las terapias y la mirada social. En IntiHuara , en cambio, los padres pueden correr, jugar, reírse y compartir con sus hijos en un entorno descontracturado.
“Cuando salen a comer a un restaurante o a cualquier otro espacio, muchas familias sienten la mirada ajena y prejuiciosa. Estar acá, riendo, jugando, saltando, gritando y cantando, les hace bien a ellos y a los chicos”, explicó Vacaflor.
Uno de los principales desafíos que identificaron los responsables del espacio fue el miedo con el que muchas familias llegan inicialmente.
Algunos padres anticipaban que sus hijos podían desregularse ante determinados ruidos, cambios o estímulos. Incluso, en algunos casos, se planteaba la necesidad de anticipar previamente cada actividad para evitar situaciones inesperadas.
Sin embargo, IntiHuara decidió proponer diferentes actividades y permitir que los chicos fueran adaptándose progresivamente. “Una de las principales barreras está en el miedo de cómo se va a comportar el chico dentro de un espacio como el que estábamos proponiendo. Y la verdad es que se comportaron maravillosamente bien”, sostuvo.
Uno de los ejemplos mencionados fue el de la música. Algunos padres llegaron preocupados por la posibilidad de que sus hijos no toleraran el volumen. La propuesta comenzó con niveles bajos y, progresivamente, se fue incrementando la intensidad. “Empezamos con un volumen muy bajo y hoy estamos con un volumen bastante alto. Muchos chicos llegaron con tapaorejas y hoy ya no los tienen”, relató.
Para Vacaflor , el proceso demuestra que muchas veces es necesario animarse a probar nuevas experiencias, sin encasillar a los niños en un diagnóstico o en una serie de limitaciones previamente establecidas.
Actualmente, IntiHuara cuenta con alrededor de 42 niños y adolescentes, divididos en dos turnos. El primer grupo reúne a chicos de aproximadamente 10 a 17 años, mientras que el segundo está conformado por los más pequeños, con edades que van desde los 3 o 4 años en adelante. Cada grupo participa durante aproximadamente una hora y cuarto, con actividades que incluyen juegos, pelotas, ejercicios de atención, movimiento y distintas propuestas recreativas.
El proyecto comenzó de manera mucho más pequeña. Sus impulsores habían difundido una invitación en redes sociales y esperaban comenzar con apenas seis chicos. Sin embargo, el primer sábado asistieron 25 niños junto a sus familias.
La actividad se desarrolla los sábados y tiene un costo mensual aproximado de 60.000 pesos, correspondiente a cuatro encuentros de 15.000 pesos cada uno. El valor incluye la participación del niño y la posibilidad de que también se sumen padres, madres y hermanos.
Vacaflor explicó que tanto él como su compañero, Mariano Vera, cuentan con una extensa trayectoria de trabajo con personas con discapacidad.
El kinesiólogo tiene aproximadamente 30 años de experiencia en el trabajo con personas con trastornos motores y parálisis cerebral. La iniciativa de crear un espacio para niños con autismo surgió, en parte, a partir de una experiencia personal con su sobrino Facundo, quien lo visitó cuando tenía cuatro años. “Aprendí mucho con él. Jugamos, corrimos, nos divertimos, nos reímos, escuchamos música y pasamos momentos muy lindos. Esa experiencia fue uno de mis mayores impulsos para hacer esta escuela”, relató.
Con esa experiencia como punto de partida, junto a Mariano decidieron proponer actividades diferentes y no limitarse exclusivamente a lo que tradicionalmente plantea la bibliografía sobre autismo.
“Nosotros vemos al niño sin rótulos”, afirmó Vacaflor .
Por esa razón, las puertas de IntiHuara también están abiertas para chicos con síndrome de Down, discapacidad visual, dificultades motoras y otras situaciones que puedan requerir un espacio de inclusión y recreación. “El fútbol es el nombre, la fantasía, la excusa. En realidad, las puertas están abiertas para todos los chicos que quieran ir, integrarse y pasar un momento divertido”, explicó.
Para Vacaflor , una de las principales diferencias de IntiHuara respecto de otros espacios es la participación directa de la familia. “El niño cuando va a un centro terapéutico, por lo general, va solo y la familia queda afuera. Acá el papá, la mamá y el hermano están presentes, jugando y activos con su hijo”, señaló.
Desde su perspectiva, esa participación modifica completamente la experiencia. El niño no solamente recibe una actividad, sino que comparte un momento de juego con las personas más importantes de su entorno.
Además, el espacio permite que los padres puedan recuperar su rol natural y dejar de sentir que únicamente los profesionales pueden trabajar o interactuar con sus hijos. “Cuando el padre encuentra que puede conectarse con su hijo, jugar con él, tirarse al piso, abrazarlo, reírse y hacerle cosquillas, se caen muchas barreras”, sostuvo.
Si bien la iniciativa comenzó enfocada en los niños y adolescentes, IntiHuara busca ampliar sus actividades hacia otros grupos.
Actualmente, sus responsables trabajan en la conformación de una organización que permita desarrollar propuestas para jóvenes, adultos y adultos mayores.
Vacaflor remarcó que uno de los grandes problemas que dejó la pandemia fue el sedentarismo y el aumento del tiempo frente a las pantallas.
“Hoy es importante el movimiento. Todo lo que uno hace ahora es oro para más adelante, cuando tengamos más años”, reflexionó. La futura organización también apunta a trabajar sobre fuerza, velocidad, reacción, coordinación y movimiento saludable para adultos mayores.
Para ello, sus impulsores se encuentran avanzando en la tramitación de la personería jurídica, con el objetivo de poder acceder en el futuro a un espacio propio y ampliar las actividades.
Al hablar de su experiencia personal, Vacaflor destacó que el trabajo en IntiHuara también representa una fuente de alegría para él. “Tengo 52 años y parezco un niño más jugando entre todos los padres y niños. Somos todos niños: los padres son niños y los niños son más niños. Nos reímos, jugamos y aprendemos unos de otros”, expresó.
El profesional reconoció que no tenía una amplia experiencia específica en autismo cuando comenzó el proyecto, pero que aprendió a partir de los propios chicos y de sus familias. “Yo no venía con experiencia en autismo y, sin embargo, aprendo un montón de los padres, del juego, de la risa y del abrazo”, afirmó.
Para él, esa es una de las mayores riquezas del espacio: la posibilidad de aprender en conjunto y construir una experiencia que no se base exclusivamente en el diagnóstico.
La propuesta de IntiHuara ya trascendió las fronteras de Jujuy y fue destacada a nivel nacional. Sin embargo, sus impulsores consideran que el mayor objetivo es que este tipo de espacios puedan multiplicarse en diferentes ciudades y provincias. “Invito a otros profesionales, profesores y grupos de padres a replicar la idea, porque funciona muy bien”, sostuvo Vacaflor.
La iniciativa demuestra que el deporte y la actividad física pueden ser herramientas de inclusión, pero también que el juego, el movimiento y la risa pueden generar espacios donde las familias se sientan acompañadas y los niños puedan desenvolverse con mayor libertad. “Sería muy lindo que existan muchos espacios así, sobre todo para que estas familias encuentren un lugar para divertirse”, concluyó.
Para conocer más sobre la propuesta, realizar consultas o interiorizarse sobre la experiencia, IntiHuara se encuentra disponible a través de sus redes sociales, donde las familias pueden comunicarse con sus responsables y conocer cómo funciona el proyecto en la provincia de Jujuy.
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