Verónica y una historia de amor, aprendizaje e inclusión que lleva 17 años

La profesora de Educación Física compartió su experiencia de 17 años trabajando en una escuela especial de Caleta Olivia y destacó la importancia de generar vínculos, evitar etiquetas y acompañar tanto a los estudiantes como a sus familias. También contó detalles de proyectos como yoga, actividades artísticas y la murga “Se Puede Si Se Quiere”

En una nueva entrevista en el programa Fuera de Pauta, la profesora de Educación Física Verónica AlsoGaray compartió su experiencia de casi 17 años de trabajo en una escuela especial y reflexionó sobre la inclusión, la discapacidad, el vínculo con los estudiantes y los desafíos que todavía existen en la sociedad.

Aunque su formación inicial no estuvo específicamente orientada a la educación especial, Verónica explicó que su recorrido profesional estuvo marcado por el aprendizaje permanente y por la necesidad de encontrar nuevas herramientas para acompañar a sus alumnos.

“Cuando yo entré a trabajar me costó mucho. Muchas veces salía llorando de la escuela porque yo quería que los chicos hicieran lo que yo quería que hicieran y a ellos les costaba mucho. Entonces pensaba que esto no era para mí”, recordó.

Sin embargo, decidió continuar y con el paso de los años encontró una manera diferente de entender la enseñanza. “Todos los días se aprende. Es como que no terminás nunca de aprender con ellos. Ellos te enseñan un montón”, sostuvo.

Uno de los conceptos centrales de la entrevista fue la necesidad de dejar de mirar a las personas desde una etiqueta y poner por delante su condición de estudiantes y, fundamentalmente, de personas. “Yo muchas veces no lo tomo con la palabra discapacidad. Para mí es una persona. Anteponemos a la persona”, explicó.

En ese sentido, remarcó que dentro de la escuela conviven estudiantes con distintas características y necesidades, pero que su forma de trabajar no parte de clasificarlos. “Para mí los chicos son alumnos. No hay clasificación. Son estudiantes”, afirmó.

La docente señaló que cada estudiante requiere una estrategia diferente. Hay quienes pueden trabajar en grupos reducidos y otros que necesitan un acompañamiento individual y permanente. “Tenemos que ver las competencias del estudiante”, explicó, al tiempo que destacó la importancia de contar con grupos pequeños para poder brindar una educación más personalizada.

Entre los proyectos que incorporó a sus clases se encuentra el yoga después de recibirse como profesora de esta disciplina, Verónica buscó la manera de incorporarla dentro de la escuela a partir de contenidos propios de Educación Física, como la flexibilidad, la relajación y el trabajo corporal. “Dije: voy a llevar el yoga a la escuela. Lo adapté y metí el proyecto”, relató.

La propuesta fue muy bien recibida por los estudiantes. Las clases incluyen música relajante, movimientos articulares, ejercicios de elongación, respiración y diferentes posturas inspiradas en animales. “Les hace re bien a los chicos. Les gusta escuchar la música suave, se relajan, hacen los ejercicios y quedan planchados”, contó entre risas.

También utilizan almohadillas con lavanda para los momentos de relajación. La profesora destacó especialmente los beneficios que estas actividades pueden generar en estudiantes que tienen poca movilidad, flexibilidad o posibilidades de realizar determinados ejercicios físicos. Otro de los proyectos que ocupa un lugar especial en su trayectoria es la murga “Se Puede Si Se Quiere”, una iniciativa que comparte con docentes de música y teatro y que lleva alrededor de 15 años de trabajo. La propuesta reúne música, expresión corporal, plástica, creatividad y participación colectiva. Los estudiantes aprendieron a tocar instrumentos, cantar y participar de distintas actividades artísticas.

A lo largo de los años fueron creando canciones y finalmente surgió la idea de grabarlas. El proyecto terminó involucrando a tres escuelas especiales y requirió un año completo de trabajo. “Fue un desafío muy grande y muy lindo”, recordó Verónica.

El proceso incluyó ensayos, grabación de voces, instrumentos, coreografías y hasta canciones interpretadas mediante lengua de señas. El resultado fue un disco con diez canciones que actualmente puede encontrarse en YouTube. “Fue bastante lindo, muy trabajoso, pero el trabajo final fue hermoso. Nos emocionamos todos, lloramos”, recordó.

La docente lamentó que todavía no hayan podido realizar una presentación formal del disco en el Centro Cultural, una actividad que intentaron concretar durante el año pasado y el actual, pero que terminó postergándose por diferentes circunstancias.

Para Verónica, el primer paso para trabajar con un estudiante es construir un vínculo de confianza. “Lo primero que tenés que hacer es generar el vínculo”, sostuvo al hablarles a docentes que recién comienzan a trabajar en educación especial.

Ese vínculo, explicó, no se construye de la misma manera con todos. Algunos estudiantes se acercan rápidamente, mientras que otros necesitan más tiempo para confiar en un docente nuevo. “Hay algunos que me abrazan, otros que todavía les cuesta un poquito”, contó.

Incluso relató una situación reciente en la que un estudiante no quiso acompañarla porque todavía no tenía un vínculo construido con ella. Finalmente, otro profesor tuvo que ir a buscarlo. Para Verónica, situaciones como esa demuestran que la confianza se construye progresivamente.

La docente destacó además el rol fundamental de las familias y contó que, con el paso de los años, la comunicación entre la escuela y los padres se volvió mucho más cercana.

En particular, destacó el acompañamiento de las familias vinculadas al proyecto de la murga. Algunas madres colaboran con la merienda y diferentes actividades, mientras que otros padres acompañan desde sus posibilidades. “Es importante y fundamental el acompañamiento”, señaló.

También explicó que intenta tener especial cuidado al momento de transmitir a las familias cómo fue el comportamiento de sus hijos durante una jornada. “Trato de no mentir, pero también rescatar lo bueno del estudiante. Porque no todo es malo”, explicó.

Según su mirada, el objetivo es evitar que un estudiante vuelva a su casa sintiendo que todo lo que hizo durante el día estuvo mal y que la familia reciba únicamente una mirada negativa. “Para que no baje el brazo de la familia ni tampoco el alumno”, resumió.

Uno de los aspectos que más preocupa a Verónica es qué sucede con los jóvenes cuando terminan su recorrido escolar. La docente señaló que existen experiencias positivas de inclusión laboral a través de pasantías y algunos comercios que incorporan a estudiantes, pero consideró que todavía son insuficientes. “Cuando ellos terminan la escuela no tienen ningún lugar de inserción”, advirtió.

Para la profesora, el desafío como sociedad es ampliar las oportunidades para que las personas con discapacidad puedan continuar desarrollándose una vez finalizada la etapa escolar.

También valoró la existencia de talleres, actividades deportivas y otros espacios que buscan promover la inclusión, aunque consideró necesario avanzar mucho más. “Debería ser mucho más amplio. No tener que tener un lugar específico, sino tener su lugar”, planteó.

Durante la entrevista, Verónica también reflexionó sobre la manera en que la sociedad observa a las personas con discapacidad.

Consideró que todavía existen prejuicios y falta de conocimiento, especialmente ante determinadas situaciones públicas. Puso como ejemplo a las familias de niños con autismo que atraviesan una crisis en un supermercado y que, en lugar de recibir comprensión, muchas veces son observadas o cuestionadas. “Hay gente que hace comentarios y es muy cruel”, sostuvo. Para ella, la inclusión también implica aprender a mirar al otro de otra manera y comprender que cada persona tiene sus propias características, capacidades y dificultades.

En esa línea, remarcó la importancia de utilizar correctamente el lenguaje y evitar términos que históricamente fueron utilizados para descalificar o insultar. “Para mí es el nombre de la persona. Es una persona con discapacidad, una persona ciega. Y si no, le preguntás cómo quiere que la llames”, explicó.

También cuestionó el uso de diminutivos o etiquetas que pueden terminar reduciendo a una persona a una característica determinada.

Verónica sostuvo que observa cambios positivos en las nuevas generaciones y consideró que los jóvenes tienen, en muchos casos, una mirada más natural sobre la discapacidad. Sin embargo, remarcó que todavía existen situaciones de discriminación y bullying, tanto hacia personas con discapacidad como hacia otros jóvenes que son señalados por su aspecto físico, su forma de vestir o sus características personales. “Dejemos un poco la tecnología y empecemos a mirar al otro como persona”, pidió.

Para la docente, el trabajo contra el bullying comienza desde la empatía y la educación en valores. “Si uno tiene un buen corazón, tiene amor, no va a tratar mal al otro”, expresó. Su mensaje también alcanza a las familias y a la comunidad en general: entender que las diferencias forman parte de la vida y que nadie debería ser reducido a una etiqueta.

Al hacer un balance de sus casi 17 años en la escuela especial, Verónica reconoció que comenzó su recorrido sin contar con todas las herramientas necesarias, pero que justamente esa falta de certezas la llevó a aprender junto a sus estudiantes y junto a otros docentes. “Hay que tener humildad y saber bajar la cabeza y decir: yo sé hasta acá como profe de Educación Física, pero como maestra especial no lo sé”, reflexionó.

En ese aprendizaje también descubrió una nueva manera de entender su profesión, “yo aprendí mucho ahí, en la escuela. Aprendí a sentir, a sentir el amor”, afirmó.

Reconoció que algunos días vuelve a su casa cansada después de una jornada intensa y que incluso ha recibido rasguños o golpes durante algunas actividades. Sin embargo, considera que son parte de una tarea que eligió y que volvería a elegir. “Yo la escuela especial no la cambio”, aseguró.

La experiencia de Verónica también trascendió las paredes de la escuela y llegó a su propia familia. Sus hijos crecieron acompañándola en distintas actividades y conociendo de cerca a sus estudiantes. La docente contó que incluso sus hijos incorporaron expresiones y formas de hablar que escuchan habitualmente en la escuela. “Ellos se criaron en la escuela especial”, relató.

También destacó que sus hijos pudieron desarrollar otra mirada sobre las personas con discapacidad y comprender el esfuerzo que implica para ella su trabajo cotidiano. Para Verónica, todo ese recorrido terminó transformándose en una enseñanza de vida: valorar lo que uno tiene y dejar de concentrarse únicamente en las dificultades. “Uno que tiene todo, salud, tiene cuerpo completo, habla, todo, se queja. Entonces yo digo, eso también aprendí en la escuela: que no hay que quejarse tanto y hay que hacer más cosas”, reflexionó.

Al cierre de la entrevista, la profesora dejó un mensaje que resume buena parte de su mirada sobre la inclusión y la discapacidad. “Todos somos iguales, diferentes. Todos tenemos algo de especiales”, expresó. Verónica consideró que la discapacidad no debería ser utilizada para separar o etiquetar a las personas, sino como una característica más dentro de una sociedad diversa. “Todos vamos hacia algún lugar de discapacidad. A medida que pasan los años te pueden pasar un montón de cuestiones”, señaló.

Y concluyó con una idea que atraviesa sus 17 años de experiencia: detrás de cualquier diagnóstico, condición o característica existe una persona con nombre propio, sentimientos, capacidades y deseos. “Proseguimos siendo yo Verónica, cada uno por su nombre, y el sentir, que es lo que nos diferencia de los demás”, sostuvo.

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