Pitu Juárez repasó su trayectoria y contó cómo el deporte le cambió la vida

El histórico deportista de Caleta Olivia recorrió sus años en el básquet y el rugby, recordó su llegada a la Liga Nacional con Gimnasia de Comodoro Rivadavia y destacó el papel de los entrenadores que confiaron en él desde sus comienzos. Además, habló sobre el crecimiento del deporte regional, su pasión por entrenar y el difícil proceso de recuperación que atravesó después de una operación.

Rodolfo Iván “Pitu” Juárez pasó por los estudios de Radio 98.5, en una nueva edición del segmento de Red Deportiva dedicado a recuperar las historias, anécdotas y trayectorias de los protagonistas del deporte regional. Durante la entrevista, repasó distintos momentos de su recorrido como jugador de básquet y rugby, recordó a quienes lo acompañaron en sus primeros pasos y reflexionó sobre la importancia que tuvo la actividad física a lo largo de su vida.

Actualmente vinculado con el básquet santacruceño desde su rol de entrenador, Juárez recordó sus comienzos en el Complejo Deportivo de Caleta Olivia, donde tuvo como formador a Eduardo Armúdez. Luego continuó su desarrollo con otros entrenadores de la ciudad, entre ellos Ramón Bonino, quien tuvo una influencia especial en su crecimiento como jugador.

Su llegada al básquet de primera división se produjo cuando apenas tenía 14 años. Bonino le dio la oportunidad de debutar en una Copa Challenger y posteriormente lo llevó a disputar una gira en Río Turbio. Aquellas experiencias tempranas alimentaron una ilusión que, con el tiempo, terminaría convirtiéndose en una realidad.

Juárez destacó que, más allá de sus condiciones, una de las claves de su progreso fue la constancia. Recordó que solía quedarse entrenando durante horas, incluso durante el verano, cuando otros chicos aprovechaban el tiempo libre para reunirse con sus amigos.

“Lo bueno que tienen los entrenadores es generar ilusión”, señaló al recordar las palabras de Bonino, quien le había transmitido que tenía posibilidades de llegar a competir en otro nivel. Esa confianza, sumada a su esfuerzo personal, resultó fundamental para sostener su objetivo.

Uno de los capítulos más importantes de su trayectoria llegó cuando se incorporó a Gimnasia de Comodoro Rivadavia. Después de competir con el Club YPF en una categoría de ascenso, su rendimiento llamó la atención del cuerpo técnico del conjunto comodorense.

Con apenas 16 años, Juárez comenzó a entrenar con jugadores de primera división y tuvo la oportunidad de compartir el plantel con figuras de gran trayectoria. Recordó aquella etapa como una experiencia extraordinaria, tanto por el nivel de sus compañeros como por la exigencia que implicaba ganarse un lugar en un equipo de la Liga Nacional.

En ese período coincidió con basquetbolistas de jerarquía, entre ellos Sebastián Uranga, a quien admiraba desde mucho antes de compartir una cancha. También mencionó a otros jugadores destacados de aquella generación, en una etapa que describió como muy diferente al básquet actual.

Su admiración por Uranga había comenzado durante sus años escolares. Juárez recordó que llevaba una fotografía del jugador en su carpeta y les decía a sus compañeros que algún día jugaría junto a él. Algunos se reían de aquella afirmación, que parecía una ilusión difícil de concretar.

Sin embargo, el tiempo terminó dándole la razón. Durante una visita a Córdoba para disputar un encuentro frente a Atenas, coincidió con Uranga en la misma habitación del hotel donde se alojaba la delegación de Gimnasia. Allí pudo compartir con su antiguo ídolo y presentarles a sus compañeros aquella historia que había comenzado en la escuela.

“Le decía al Chelo que algún día iba a jugar con él y se me reía”, recordó entre risas. Para Juárez, ese encuentro representó una de las tantas anécdotas que le dejó el deporte y que todavía conserva con especial cariño.

Su carrera también incluyó participaciones en cinco campeonatos argentinos representando a Chubut, además de una convocatoria a una preselección argentina durante su juventud. Aunque reconoció que le quedaron objetivos pendientes, aseguró que hizo todo lo que estuvo a su alcance para competir al máximo nivel posible.

Su último recorrido en competencias de liga estuvo relacionado con el básquet patagónico y su paso por Deportivo Deseado. Con ese equipo llegó a disputar el Torneo Federal, entonces correspondiente a una de las principales categorías del ascenso nacional, donde enfrentó a clubes de trayectoria como Lanús y Vélez.

Aunque el básquet fue una parte central de su vida, Juárez también construyó una extensa historia en el rugby. Durante varios años practicó ambas disciplinas de manera simultánea, combinando entrenamientos, partidos y viajes, e incluso llegó a disputar encuentros de los dos deportes durante una misma jornada.

Su regreso a Caleta Olivia estuvo relacionado con la enfermedad y posterior fallecimiento de su madre. Una vez instalado nuevamente en la ciudad, retomó el contacto con sus amigos de toda la vida y volvió a compartir actividades con el club San Jorge.

Entre los recuerdos más particulares mencionó una jornada en la que disputó un partido de rugby, participó del tradicional tercer tiempo y después viajó a Comodoro Rivadavia para jugar al básquet frente a Gimnasia. Según contó, llegó a la cancha todavía con las medias que había utilizado en el encuentro de rugby.

La anécdota refleja una etapa en la que su estado físico le permitía sostener dos disciplinas de alta exigencia. Juárez se definió como un jugador aguerrido, intenso y con mucha capacidad para correr la cancha. Con el paso de los años, fue adaptando su juego y aprendiendo a desempeñarse en diferentes posiciones.

En el rugby también protagonizó numerosas experiencias con sus compañeros de San Jorge y con el grupo conocido como Los Gatos. Recordó los torneos de rugby reducido, las competencias en distintas localidades y los viajes que realizaron para disputar encuentros en lugares como Rada Tilly, Las Grutas y Porto Alegre, en Brasil.

Más allá de los resultados deportivos, destacó especialmente la amistad que se construyó dentro de esos grupos. Incluso hoy, cuando regresa a Caleta Olivia durante el verano, procura visitar el club y reencontrarse con sus antiguos compañeros.

La disciplina siempre ocupó un lugar importante en su vida. Juárez contó que entrenaba muchas horas y que, con el tiempo, también aprendió a revisar métodos de preparación que había utilizado durante sus primeros años como deportista.

Una de las experiencias que más recordó fue el trabajo realizado con un preparador físico de Buenos Aires, que lo ayudó a incorporar nuevas formas de entrenamiento. A partir de esa etapa comenzó a trabajar con levantamiento olímpico, ejercicios pliométricos y métodos de acondicionamiento físico que hasta entonces no formaban parte de su rutina habitual.

Esa preparación resultó especialmente importante durante sus últimos años como jugador de rugby. Juárez recordó que, cuando consiguió un nuevo título con San Jorge, tenía alrededor de 43 o 44 años y compartía la cancha con rivales y compañeros mucho más jóvenes.

Para sostener ese nivel, entendió que ya no alcanzaba solamente con la voluntad y la experiencia. La preparación debía contemplar la fuerza, la resistencia, la alimentación, la suplementación y la recuperación física.

Su mirada también se extendió al presente del básquet. Consideró que el juego cambió considerablemente en los últimos años, con ofensivas más abiertas, mayor velocidad y posesiones más cortas. Al mismo tiempo, planteó que el básquet argentino atraviesa una etapa de recambio después de la Generación Dorada y que los nuevos procesos necesitan tiempo para consolidarse.

Desde su lugar como entrenador, Juárez valoró el crecimiento que experimentó el básquet en la región, aunque señaló que todavía hace falta aumentar la cantidad de competencias para que los jugadores puedan desarrollarse.

En el caso de Caleta Olivia, consideró que existen jóvenes con condiciones y entrenadores que continúan trabajando para sostener las distintas categorías. Durante la entrevista, destacó la tarea de los profesores y colaboradores que siguen vinculados con los clubes y las escuelas deportivas locales.

También planteó la necesidad de ampliar las oportunidades de competencia entre equipos de Caleta Olivia, Pico Truncado y Puerto Deseado. En ese sentido, mencionó la posibilidad de una liga binacional para el año siguiente, aunque advirtió que los costos de organización y traslado representan un desafío para las instituciones.

Juárez consideró que fortalecer el semillero y garantizar una mayor continuidad competitiva puede ser determinante para el futuro del básquet santacruceño. Asimismo, resaltó el crecimiento del básquet femenino, al que identificó como otro de los avances importantes de los últimos años.

Hacia el final de la entrevista, Juárez se refirió a uno de los capítulos más difíciles de su vida: el proceso de recuperación que atravesó después de una operación que puso en riesgo su salud y que le impidió volver a competir con la misma intensidad.

Aunque actualmente comparte actividades con sus amigos y participa de encuentros recreativos con veteranos, reconoció que ya no puede exponerse a los golpes y las exigencias físicas de antes. Sin embargo, mantiene el vínculo con los clubes y sigue disfrutando de los momentos compartidos con quienes lo acompañaron durante tantos años.

También recordó el apoyo que recibió de su entorno y de distintas personas e instituciones durante aquella etapa. Explicó que, al principio, le costaba dimensionar la cantidad de mensajes y gestos de acompañamiento que llegaban, pero con el tiempo pudo comprender el afecto que había generado su trayectoria.

Al reflexionar sobre todo lo vivido, dejó una definición que resume el lugar que ocupa el deporte en su historia: “El deporte a mí me salvó la vida en todos los aspectos”.

Para Juárez, esa influencia va mucho más allá de los resultados, los campeonatos o las categorías en las que pudo competir. La disciplina, la capacidad de levantarse después de una dificultad, la amistad y el compromiso aprendido durante años de entrenamiento fueron herramientas que también lo ayudaron a atravesar los momentos más complejos.

Su recorrido, desde las primeras prácticas en Caleta Olivia hasta las experiencias en el básquet nacional y las canchas de rugby, representa una historia de esfuerzo y pertenencia. Hoy, desde su rol de entrenador y todavía ligado a los clubes que marcaron su vida, continúa transmitiendo esa pasión a las nuevas generaciones.

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