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Una caletense que hizo historia en el taekwondo adaptado a nivel mundial
Desde su infancia en el barrio Gregores hasta convertirse en una referente internacional del taekwondo adaptado, Anabel Vicario construyó una trayectoria marcada por la disciplina, la formación y el compromiso con las personas con discapacidad. En una entrevista con Impacto Positivo, compartió su historia de vida, sus aprendizajes y el trabajo que realiza para que el deporte sea una verdadera herramienta de inclusión.
- Por El Caletense | 17/07/2026
Anabel Vicario llegó a Caleta Olivia cuando tenía apenas cuatro años, junto a sus padres y su hermana Marisol. Su familia ya tenía un vínculo con la ciudad, debido a que un tío materno se había radicado allí luego de realizar el servicio militar en Comodoro Rivadavia. Su padre, quien trabajaba en el Correo, pidió el traslado y la familia se instaló definitivamente en la localidad.
A los seis años, Anabel se mudó junto a su familia al barrio Gregores, recientemente inaugurado. Allí comenzó una historia que lleva más de cuatro décadas: su vínculo con el taekwondo. “Empecé a entrenar hace 44 años”, contó durante la entrevista. Su llegada al arte marcial tuvo un origen particular. Cuando era niña, cinco chicas mayores la golpearon mientras jugaba en el barrio. Una vecina le sugirió que comenzara taekwondo para aprender a defenderse. Anabel aceptó la propuesta, pero rápidamente descubrió que el arte marcial se convertiría en mucho más que una herramienta de defensa.
“Me enamoré del taekwondo. Iba todos los días, de lunes a lunes, y entrenaba tres horas por día”, recordó.
La infancia de Anabel estuvo marcada por los juegos en la calle, la amistad y el deporte. En aquellos años, el barrio Gregores era uno de los sectores más alejados del centro de Caleta Olivia y todavía no existía el transporte urbano como se conoce actualmente.
Los niños se trasladaban caminando para asistir a sus actividades y podían pasar largas horas jugando en las calles y patios del barrio. Anabel recuerda especialmente los partidos de fútbol, softball y handball, además de los juegos propios de la infancia.
También recuerda las condiciones climáticas de aquella época. Los inviernos eran particularmente rigurosos, con canaletas congeladas y fuertes vientos que dificultaban incluso el traslado hacia la escuela. “Los papás se ponían en la calle más ancha del barrio, se agarraban de la mano y nos cruzaban cuando había mucho viento, porque no había ningún reparo”, relató.
Su padre, conocido popularmente como “el Cordobés”, trabajó durante muchos años como cartero y también en la Municipalidad. Su madre fue ama de casa y acompañó siempre a sus tres hijas. Anabel es la mayor de tres hermanas: Marisol y Pamela, quienes también desarrollaron sus propias trayectorias dentro del taekwondo.
Anabel terminó sus estudios secundarios en La Falda, Córdoba. Fue madre muy joven: cuando cursaba el cuarto año quedó embarazada de su primer hijo. Al finalizar la secundaria, su hijo ya tenía un año.
Con el tiempo, tuvo dos hijos y, durante muchos años, se dedicó a su crianza. Sin embargo, un sueño quedó pendiente: estudiar una carrera universitaria. “Yo creo que se lo debía a la Anabel de 18 años”, expresó.
Después de que sus hijos crecieran y comenzaran sus propios caminos, decidió retomar aquel proyecto personal. A los 40 años comenzó la carrera de Terapia Ocupacional, una formación que actualmente se encuentra muy cerca de finalizar. “Me quedan dos o tres finales y la tesis”, contó.
El camino no fue sencillo. La combinación entre el trabajo, las clases de taekwondo y la universidad la llevó a estudiar desde muy temprano en la mañana y a sostener una rutina de gran exigencia. “Me levantaba a las cinco de la mañana a estudiar, porque sabía que a la tarde tenía que dar clases y terminaba a las nueve de la noche”, relató.
Para Anabel, completar la carrera no representa solamente una meta académica. También es una forma de demostrarles a sus hijos y a su nieto que nunca es tarde para perseguir los sueños. “Quiero demostrar que con esfuerzo, sacrificio y creyendo en lo que uno quiere, todo se puede hacer”, afirmó.
Su vínculo con el deporte adaptado comenzó cuando trabajaba como secretaria en un centro audiológico de Caleta Olivia. Allí tuvo contacto cotidiano con niños y personas con discapacidad y descubrió una conexión especial con ellos.
Las profesionales que trabajaban en el lugar le señalaron que tenía una capacidad natural para vincularse con los chicos. Entonces, Anabel se preguntó qué herramienta podía utilizar para trabajar con ellos.
“Dije: ¿qué sé hacer? Sé taekwondo. Entonces estaría bueno poder trabajar con personas con discapacidad desde el deporte”, explicó.
Presentó un proyecto que fue aprobado y así nació su escuela municipal de taekwondo adaptado. Sin embargo, Anabel entendió rápidamente que necesitaba ampliar sus conocimientos. Por eso se capacitó como auxiliar de maestra especial, acompañante terapéutica y realizó especializaciones vinculadas a la discapacidad. También se formó en lengua de señas, estimulación temprana y psicomotricidad.
Actualmente cursa Terapia Ocupacional, una carrera que descubrió a partir del trabajo con sus propios alumnos y de su vínculo con equipos terapéuticos. “Mi herramienta es el taekwondo, pero necesitaba tener conocimientos en diferentes áreas para saber qué estaba haciendo, cómo y para qué”, explicó.
El trabajo de Anabel trascendió hace muchos años las fronteras de Caleta Olivia. Hace aproximadamente 12 años comenzó a desarrollar un proyecto internacional de taekwondo adaptado junto al maestro Leonardo Oros, quien reside en Israel.
Ambos trabajaron en la creación del Comité Internacional de Taekwondo Adaptado, una estructura que hasta ese momento no existía dentro de la Federación Internacional de Taekwondo ITF.
El trabajo incluyó la elaboración de un libro, posteriormente traducido a cuatro idiomas, y la realización de capacitaciones en distintos países para instructores que querían comenzar a trabajar con personas con discapacidad.
Durante los últimos años, Vicario recorrió más de 20 países brindando cursos y capacitaciones. Además, fue durante tres años presidenta del Comité Internacional de Taekwondo Adaptado. Uno de los logros más importantes de su trayectoria fue la elaboración de un reglamento para que las personas con discapacidad pudieran participar en competencias internacionales.
El trabajo permitió que, por primera vez, el taekwondo adaptado tuviera un espacio reglamentado dentro de un campeonato mundial. En el Mundial realizado en Mar del Plata se incorporó oficialmente el área adaptada, con jueces y árbitros capacitados y un sistema de competencia específico.
Los competidores no realizan combates físicos, sino formas, es decir, secuencias de movimientos que combinan ataques y defensas. Además, pueden realizar las rutinas acompañados por una persona de confianza, como un familiar, un entrenador o un acompañante terapéutico.
Luego, Anabel también participó en competencias internacionales realizadas en Paraguay y Chile, donde se desarrollaron áreas adaptadas y se consagraron campeones panamericanos y sudamericanos. “Mi objetivo fundamental era defender los derechos de las personas con discapacidad y que tuvieran los mismos derechos que cualquier competidor a nivel internacional”, destacó.
Actualmente, continúa trabajando como directora del Comité de Inclusión de la Federación Argentina de Taekwondo. Para Anabel, el taekwondo adaptado no consiste simplemente en enseñar técnicas de un arte marcial. Cada alumno tiene objetivos diferentes y el trabajo se construye de manera personalizada.
Por eso, antes de comenzar con un nuevo alumno, mantiene una entrevista con la familia y establece objetivos a corto, mediano y largo plazo.
El trabajo también se realiza en conjunto con psicólogos, terapistas ocupacionales, kinesiólogos y otros profesionales. “Mi herramienta es el deporte. Les pregunto a las terapistas qué están trabajando y cómo puedo ayudar desde el taekwondo”, explicó.
Un alumno puede estar trabajando en terapia ocupacional la posibilidad de ponerse y sacarse las zapatillas. Otro puede estar trabajando la tolerancia a la frustración. Otro puede necesitar avanzar en su autonomía o en la comunicación. “Yo no veo la silla de ruedas. Veo a mi alumno. Y a partir de ahí pienso cuál es su potencialidad y qué podemos trabajar”, expresó.
Entre las historias que más la marcaron se encuentra la de Pablo, uno de sus primeros alumnos. Pablo tiene 32 años, es no vidente y tiene diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista.
Cuando comenzó a trabajar con él, necesitaba apoyarse en una pared para poder levantar una pierna sin caerse. Anabel diseñó estrategias específicas para trabajar el equilibrio, la orientación y la movilidad mediante sonidos. “Me tomó cinco años despegarlo de la pared”, recordó.
Actualmente, Pablo puede desplazarse, patear hacia un objetivo, avanzar, retroceder y realizar movimientos con gran precisión.
Sin embargo, para Anabel, el mayor logro no es únicamente la técnica. “Mi mayor satisfacción es que mis alumnos entren sonriendo y se vayan sonriendo. Que esperen el día de taekwondo y se pongan contentos porque saben que van a ir a clase”, afirmó.
El trabajo de Anabel forma parte de una historia familiar. Sus hermanas Marisol y Pamela también desarrollaron sus propias escuelas y áreas de trabajo.
Marisol se enfoca principalmente en los niños más pequeños, a través del juego y el desarrollo de sus habilidades motoras. Pamela trabaja en el área competitiva y también desarrolla propuestas de taekwondo para adultos mayores.
Anabel, en tanto, se especializó en el taekwondo adaptado y en el trabajo inclusivo. Las tres comparten una filosofía: utilizar el deporte como herramienta de contención, formación e inclusión social.
Durante la entrevista, Vicario remarcó que la inclusión no debe limitarse al ámbito deportivo. También es necesario adaptar los espacios y las conductas cotidianas. En ese sentido, señaló las dificultades que enfrentan diariamente las personas que utilizan silla de ruedas, andadores o muletas para circular por las veredas de la ciudad.
También llamó a tomar conciencia sobre los vehículos estacionados sobre las veredas, los obstáculos que impiden el paso y la necesidad de generar espacios accesibles. “Las pequeñas cosas hacen la diferencia”, sostuvo.
Para Anabel, la inclusión también implica contar con menús en braille, información accesible y personas capacitadas para atender adecuadamente a quienes tienen distintas discapacidades. “No hay que mirar a la persona desde el ‘no puede’. Hay que entender que puede mucho más de lo que uno cree. Solo hay que darle las herramientas”, afirmó.
“Caleta Olivia tiene mucho para mostrar”
A pesar de las dificultades, Vicario destacó el trabajo que se realiza en Caleta Olivia en materia de deporte adaptado e inclusión. Valoró especialmente el trabajo de los profesores que desarrollan actividades en distintos espacios municipales y destacó la labor que se lleva adelante en disciplinas como fútbol, atletismo y otras propuestas deportivas. También remarcó la importancia del trabajo en equipo y de la capacitación permanente. “Caleta Olivia tiene espacios para los chicos que en otros lugares no existen”, aseguró.
Para Anabel, el camino recorrido durante 44 años de taekwondo no se mide únicamente en cinturones, títulos o reconocimientos internacionales. Su verdadero legado está en las personas que pudo acompañar y en las herramientas que logró construir para que otros instructores puedan continuar ese trabajo.
Su historia comenzó en un gimnasio del barrio Gregores, cuando tenía apenas seis años. Hoy, desde Caleta Olivia, su trabajo es reconocido en distintos lugares del mundo.
Y aunque su nombre aparece en revistas especializadas, es convocada para capacitaciones internacionales y participó en la construcción de un sistema mundial de competencia para personas con discapacidad, Anabel mantiene el mismo eje que la acompañó desde el comienzo: "usar el taekwondo como una herramienta para que cada persona pueda desarrollar su potencial, ganar independencia y encontrar un espacio donde ser reconocida por lo que puede hacer".
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