Mariano Luna: el barbero caletense que transformó una pasión en un proyecto de vida

Mariano Luna tiene 34 años, nació y creció en Caleta Olivia y hoy es uno de los referentes locales dentro del mundo de la barbería. Pero detrás de su presente, de su propia barbería, de un equipo de trabajo y de la posibilidad de formar a nuevos profesionales, hay una historia que comenzó casi como un juego entre amigos, con una máquina, algunos cortes improvisados y muchas ganas de aprender.

Criado entre los barrios 132 Viviendas, 26 de Junio y San Martín, Mariano recuerda una infancia tranquila, marcada por los partidos de fútbol en la calle y las largas tardes compartidas con los amigos. Hijo de José y Norma, ambos empleados municipales, creció en una familia donde, pese a que sus padres trabajaban, nunca faltaron los límites ni el acompañamiento. “Siempre tuve quien me dijera qué estaba bien y qué estaba mal”, recordó.

Cursó la primaria en las escuelas 65 y 43, y luego ingresó al EICO, donde estudió con orientación en Industria de Procesos. Sin embargo, su camino terminaría tomando una dirección completamente distinta. La secundaria quedó inconclusa, con tres materias pendientes, una cuenta que todavía espera saldar algún día. “Es cuestión de ponerse la meta”, aseguró, convencido de que nunca es tarde para retomar aquello que quedó pendiente.

Pero mientras transitaba aquellos años de adolescencia, sin imaginarlo, comenzaba a descubrir una habilidad que terminaría definiendo su futuro. Todo nació por una cuestión personal: Mariano no lograba encontrar un corte con el que se sintiera realmente cómodo.

Tenía un cabello difícil de manejar y, después de visitar distintas peluquerías, comenzó a experimentar por su cuenta. Primero con una Gillette y una máquina de afeitar, intentando modificar pequeños detalles de su propio pelo. Con la llegada de nuevos estilos y cortes que todavía no eran habituales en Caleta Olivia, decidió comprar su primera máquina.

El primer experimento no salió precisamente como esperaba. En uno de esos intentos olvidó colocar el peine de la máquina y terminó con un importante “pelón” en la cabeza, que tuvo que exhibir al día siguiente frente a todos sus compañeros de escuela. Sin embargo, lejos de desanimarse, aquella anécdota fue parte de un proceso que recién comenzaba.

De a poco empezó a cortarle el pelo a sus amigos y compañeros. Al principio, gratis y sin haber realizado ningún curso. “Me daba maña”, resumió. Sus amigos confiaban, se animaban y, con el tiempo, comenzaron a llegar conocidos y vecinos del barrio. Así, entre prueba, error y práctica, Mariano empezó a descubrir que aquello que hacía por diversión podía convertirse en mucho más.

El gran paso llegó cuando viajó a Córdoba. Allí continuó cortando el pelo a otros jóvenes de Caleta Olivia que estudiaban en esa provincia y, motivado por amigos que ya habían realizado cursos, decidió perfeccionarse.

Su primer intento fue en un curso de estilismo. Sin embargo, rápidamente comprendió que ese no era su lugar. “En la primera clase nos hacían hacer trencitas, después usar ruleros. Nada que ver con lo mío”, recordó entre risas. Entonces tomó una decisión que sería fundamental: dejó el curso de estilismo y se orientó hacia la peluquería masculina.

El cambio fue inmediato. De sentirse perdido en una especialidad que no lo representaba, pasó a destacarse en aquello que realmente le apasionaba. Durante su estadía en Córdoba realizó diferentes capacitaciones y tuvo la posibilidad de aprender con varios profesores. “Pasé de ser el peor del curso a ser uno de los mejores. Estaba como pez en el agua”, contó. En 2016 regresó a Caleta Olivia con más conocimientos, experiencia y la intención de transformar esa pasión en una verdadera salida laboral. Sin embargo, el comienzo profesional tampoco estuvo exento de miedos.

Luego de recorrer distintos lugares en busca de trabajo, llegó a la peluquería de Don Pepe. Allí encontró una de las oportunidades más importantes de su vida. Mariano llegó con sus cursos realizados, pero sin la experiencia de trabajar de manera permanente en una peluquería. Aun así, Don Pepe confió en él.

Le entregó las llaves del local y le dio la responsabilidad de abrir, cerrar y estar al frente del negocio. Los primeros días fueron difíciles. Mariano recuerda haber pasado horas esperando la llegada de algún cliente. Incluso, durante una de sus primeras jornadas, prácticamente nadie entró al local.

Con el paso de las semanas, comenzaron a regresar antiguos clientes de la peluquería y también a llegar nuevas personas. Poco a poco, la confianza creció y el local volvió a tener movimiento. Para Mariano, aquella oportunidad fue mucho más que un trabajo: fue el lugar donde aprendió a desenvolverse, a enfrentar sus propios miedos y a descubrir que estaba preparado para avanzar.

El vínculo con Don Pepe trascendió lo laboral y se transformó en una relación de respeto, afecto y agradecimiento. Mariano tuvo incluso la posibilidad de reencontrarse con él poco tiempo antes de su fallecimiento y expresarle personalmente su gratitud. “Eternamente agradecido a él y a su familia”, expresó al recordar a quien le abrió una puerta fundamental en su carrera.

Con el tiempo, y después de haber construido su propia clientela, llegó el momento de dar otro paso: abrir su propio local. De a poco fue comprando herramientas, máquinas y su primer sillón, hasta reunir lo necesario para iniciar su emprendimiento.

Su primera barbería fue un espacio pequeño sobre calle Ceferino Namuncurá. Al principio tenía un solo sillón, aunque con el crecimiento del trabajo llegó a contar con tres puestos en un lugar donde el espacio comenzaba a quedar chico.

Pero había algo que distinguía a su propuesta. Mariano buscó trasladar a Caleta Olivia parte de las experiencias que había conocido durante sus viajes y capacitaciones. Juegos, un ambiente diferente, música y una manera distinta de vivir el momento de ir a cortarse el pelo. La barbería dejó de ser solamente un lugar para un servicio rápido y comenzó a convertirse también en un espacio de encuentro.

Hoy, ese camino continúa en "The Warriors Barbería" , donde trabaja junto a un equipo de jóvenes profesionales. Lejos de verlos como una competencia, Mariano decidió brindarles la misma oportunidad que alguna vez alguien le dio a él. “Yo aprendí cosas nuevas con ellos y ellos conmigo. Crecimos prácticamente juntos”, señaló. Para él, enseñar y acompañar a quienes recién comienzan es una forma de devolver la confianza que recibió en sus propios inicios.

Ese compromiso también se refleja en las clases de barbería y peluquería que brinda junto a su equipo. Allí no solamente enseñan técnicas de corte, sino también atención al cliente, tendencias, redes sociales, marketing y distintas herramientas necesarias para desarrollarse dentro del oficio.

Para Mariano, la barbería es una salida laboral concreta. Una profesión que permite comenzar desde casa, con pocas herramientas y muchas ganas de aprender, tal como él mismo lo hizo hace años. Pero hay otro aspecto que considera fundamental dentro de su trabajo: el vínculo con las personas.

A lo largo de los años, su silla se convirtió también en un espacio de conversación. Allí se habla de fútbol, de la vida cotidiana, de alegrías y también de problemas personales. “El peluquero se vuelve como un psicólogo, un psicólogo amigo quizás”, explicó, destacando la importancia de generar confianza y, sobre todo, de respetar aquello que cada cliente comparte.

También resaltó la necesidad de atender con empatía a personas con discapacidad, entendiendo cada situación con naturalidad y paciencia. Para él, el tiempo que pueda demandar un corte nunca debe estar por encima del respeto y la inclusión.

A sus 34 años, Mariano Luna reconoce que muchas veces la rutina, las responsabilidades y el trabajo diario no le permiten dimensionar todo el camino recorrido. Sin embargo, cuando mira hacia atrás, puede encontrarse con aquel joven que comenzó cortándose el pelo a sí mismo, que experimentó con sus amigos, que viajó para aprender, que pasó horas esperando a su primer cliente y que un día decidió animarse a abrir su propio local.

Hoy tiene una barbería consolidada, un equipo de trabajo, alumnos y nuevos proyectos. Entre sus sueños aparece la posibilidad de seguir expandiéndose, fortalecer la academia de formación e incluso, algún día, contar con un espacio propio o abrir una segunda sucursal.

Su historia no está marcada por un único gran golpe de suerte. Está construida a partir de pequeñas oportunidades, decisiones, errores, aprendizajes y personas que confiaron en él cuando todavía estaba dando sus primeros pasos.

Y quizás esa sea una de las enseñanzas que Mariano busca transmitir a los jóvenes: no todos encuentran su camino de la misma manera ni al mismo tiempo. A veces, una habilidad descubierta casi por casualidad puede convertirse en una profesión y, con esfuerzo, capacitación y perseverancia, terminar abriendo puertas que antes parecían imposibles.

Porque detrás de cada corte hay una técnica, pero también una historia. Y detrás de la historia de Mariano Luna hay un joven caletense que se animó a confiar en aquello que le apasionaba, aprendió a transformar sus miedos en impulso y hoy busca hacer lo mismo con otros: abrir una puerta para que también puedan construir su propio camino.

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